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miércoles, octubre 20, 2021
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A 10 años de la muerte de Amy Winehouse: una voz surgida del dolor

Adicta a las pastillas y el alcohol, falleció a los 27 años. Con sólo dos discos en vida, demostró un talento incomparable.

¿Qué hubiera sucedido con la carrera de cantantes femeninas como Dido, Adele, Lady Gaga o aún Katy Perry de no haber ocurrido la muerte de Amy Winehouse, hace exactamente diez años, un 23 de julio de 2011? ¿Y qué cumbres artísticas habría alcanzado aquella menuda chica blanca judía nacida en el pequeño suburbio de Southgate, al norte de la populosa Londres, de haber seguido con vida?

Por supuesto que ninguna de estas preguntas tendrán ya respuesta, pero en plan de imaginar sólo bastaría con volver a escuchar los dos discos de estudio de Amy Winehouse (Frank de 2003 y Back to Black de 2006) o el póstumo Lioness: Hidden Treasures (2011, con lados B y varios inéditos, standards de jazz e incluso una excelente rendición de La chica de Ipanema) para comprender que una voz como la suya, una personalidad tan arrolladora y una imagen que proponía moda y vanguardia desde el escenario, son irrepetibles.

Amy comenzó a cantar desde muy niña en el seno hogareño. Mitchell, su padre, un taxista que siguió trabajando y conduciendo ese auto por las calles de Camden ya bien entrada la carrera de su hija, la tenía bien acostumbrada: juntos cantaban los éxitos de Frank Sinatra que pasaba la radio,

Amy Winehouse tenía una  voz privilegiada y peculiar. Las pastillas y el alcohol hicieron estragos en ella. Foto Jeff Pachoud / AFP)

Amy Winehouse tenía una voz privilegiada y peculiar. Las pastillas y el alcohol hicieron estragos en ella. Foto Jeff Pachoud / AFP)

“De cada tema cantábamos un verso cada uno, y ya en esa época ella mostraba condiciones, aunque cuando le preguntabas qué iba a ser de grande decía que deseaba ser mesera en rollers”, contó su padre.

Pero la niña creció. Y creció escuchando muchísima música de la enorme discoteca que tenía en la casa Alex, su hermano mayor. Aprendió fácilmente a rasguear una guitarra (más adelante iba a tocar piano y a tomar incluso clases de batería) y cuando llegó a la adolescencia, mientras la mayoría de sus amigas se entretenían dándose besos con sus noviecitos, en la oscuridad de algún callejón, ella empezaba a escribir las primeras letras de sus propias canciones.

A los 18 años, Amy recorría los pubs del norte de la capital inglesa cantando y acompañándose de su guitarra. A la gente le llamaba la atención esa chica desenfadada, de perfil a lo Barbra Streisand y dueña de un registro y un color vocal verdaderamente incomparables.

La primera prueba

Un año después, Darcus Beese, A&R (encargado de Artistas y Repertorio) de la filial inglesa del sello Island/Universal estaba buscando nuevos valores para fichar. Escuchó un demo y la citó para una prueba en las oficinas de la discográfica. Existe un video muy emotivo de ese momento: una fresca y hasta algo atrevida Amy Winehouse cantando desenfadada para el plantel de ejecutivos y el departamento de marketing del sello, como si lo estuviera haciendo en el living de su casa.

De ese instante a la grabación de su primer álbum hubo sólo un pequeño salto. Frank (titulado así en homenaje a su adorado Sinatra) se publicó el 20 de octubre de 2003 y en pocas semanas alcanzó la distinción de platino por sus altas ventas. Los críticos y comentaristas especializados la adoraron inmediatamente, comparándola con Sarah Vaughan.

Su propio estilo. Amy Winehouse no imitaba a nadie, ni en su look ni en su canto. Foto Carl De Souza / AFP)

Su propio estilo. Amy Winehouse no imitaba a nadie, ni en su look ni en su canto. Foto Carl De Souza / AFP)

Sin embargo algunas sombras ya venían amenazando la estabilidad emocional de la naciente súper estrella. Para comenzar la separación de los padres, a sus 9 años, fue un golpe muy duro de digerir. Eso la marcó de por vida. El otro episodio desencadenante iba a acontecer varios años más tarde, con quien sería el gran amor de su vida.

Junto con el lanzamiento de su disco debut nació una nueva Winehouse, de imagen irresistiblemente atractiva. Cambió por completo su look, y reciclando algo del estilo de los grupos de cantantes negras de la era Motown., en los años 60 (las mismas que en décadas anteriores habían deslumbrado a The Beatles) adoptó minifaldas ajustadas, se batió el cabello al estilo “colmena” (Martha and The Vandellas, The Ronettes y The Supremes lo tenían registrado casi como marca de agua) y comenzaron a verse tatuajes en distintas partes de su cuerpo.

Pero el éxito inesperado, las primeras nominaciones a los premios y una popularidad que llegaba en oleadas irrefrenables hicieron que de alguna manera se encerrara en sí misma. Esa es la época donde Amy abdica internamente de todo aquel mundo de brillos y halagos y comienza a refugiarse en pubs de mala muerte para jugar al pool, su entretenimiento favorito.

El amor que cambió todo

En uno de esos antros, The Champion, es donde conoce a Blake Fielder-Civil, un flaco con aspecto de chico malo y cara de bebé que aparece en su camino como una verdadera maldición. Blake, un adicto a las drogas pesadas (crack, heroína, cocaína) consigue fascinarla desde el primer momento, arrastrándola consigo en su derrotero de dealers y altos consumos de alcohol.

La mayoría de los fans de la cantante aún hoy ven a su novio y ex marido como el responsable de la caída y posterior muerte de la artista, sin embargo y como suele suceder no hay solo un culpable; antes bien se conjugan una cantidad de variables que resultan en la debacle inevitable. Todos ven venir el golpe, pero nadie de su entorno más íntimo parece poder evitarlo.

Amy Winehouse y su marido Blake Fielder-Civil. Tuvieron una relación tóxica. Foto AFP

Amy Winehouse y su marido Blake Fielder-Civil. Tuvieron una relación tóxica. Foto AFP

Así, lo que había comenzado como un hermoso cuento de hadas terminó convirtiéndose muy pronto en novela de terror. De un terror profundamente psicológico. Con la excusa de querer convertir lo malo en algo bueno, Amy intentaba transformar esas experiencias patéticas y riesgosas de sesgo sado masoquistas junto a su novio, y las plasmaba (de manera brillante, hay que decirlo) en letras para sus canciones.

El 30 de octubre de 2006 se lanza su segundo disco Back to Black, donde las letras escondían desesperados y muy directos pedidos de auxilio. El uso de drogas cada vez más pesadas, junto a lo que la nueva pareja llamaba “noches alocadas”, hicieron muy pronto estragos en su figura.

El dolor hecho canción

Los ejecutivos de su compañía discográfica le aconsejaron entonces internarse en un instituto de rehabilitación para drogadictos. Y de esa fugaz y frustrada experiencia surgió por supuesto ese gran hit que fue precisamente Rehab. “Yo no quería saber nada, le pregunté a mi papá y él me dijo que no era necesario que yo fuera a rehabilitación, lo cual me dio un gran alivio”.

Enamorada con una enfermiza obsesión de un cada vez más adicto y desbordado Blake Fielder-Civil, Amy contrajo matrimonio el 18 de mayo de 2007 en una ceremonia secreta en Miami. A pesar de las fotos sonriendo y mostrando sus anillos ambos estaban cayendo estrepitosamente en una espiral descendente sin fin.

De golpe, el rostro de la cantante pasó de la sección de música y de las tapas de las revistas especializadas a los grandes titulares de los semanarios amarillistas. En tres oportunidades fue nominada a los Premios Ivor Novello, el reconocimiento musical más importante en el Reino Unido. La primera vez lucía joven y esplendorosa. En la segunda edición su presencia causó preocupación hasta en el jurado, y en la tercera ni siquiera llegó a presentarse… ¡a una ceremonia que históricamente se celebra al mediodía!

Su padre terminó recibiendo el premio por ella, y tuvo que aclarar que la salud de su hija no estaba tan mal como aseguraban algunos periódicos. Pero la realidad era bien otra.

La gota que colmó el vaso se produjo cuando unos paparazzi capturaron a la pareja saliendo en un estado calamitoso del Hotel Sanderson, a la luz del día, en pleno centro de Londres y solo a tres meses del casamiento. Ambos estaban totalmente cubiertos de sangre, con heridas, moretones y cortaduras diversas en distintas partes del cuerpo.

Amy Winehouse, teñida de rubio y en su peor momento. Foto Luke MacGregor/Reuter

Amy Winehouse, teñida de rubio y en su peor momento. Foto Luke MacGregor/Reuter

Las fotos impactaron a todo nivel, y dieron la vuelta al mundo. Ahora ya nadie hablaba de la voz ni de las dotes de Amy, y el comentario generalizado era que algo estaba funcionando realmente mal. Lo peor aún estaba por ocurrir.

En 2007, a Blake lo encarcelaron por un asunto de soborno y Amy tuvo que encarar una larga gira sin ese dealer privado que era su marido, el encargado de proveerle las drogas. Ya al primer concierto llegó tan tarde que buena parte del público se estaba retirando, y su performance fue desastrosa. Completamente borracha (algo que se vería en diferentes shows de ahí en adelante) olvidaba las letras e insultaba al público. El resto de los shows fueron cancelados y su reputación comenzó a hacerse pedazos.

Los roles de la madre y el padre

Se tiñó el pelo de rubio, perdió mucho peso, se la veía muy desmejorada, con la mirada perdida y siempre en compañía de una botella de alcohol. El diario sensacionalista The Sun llegó a publicar una foto de ella en tapa, con el rostro lleno de cortes y moretones auto infligidos bajo el titulo de “Por favor, ¿alguien puede ayudarla?”.

Amy Winehouse tenía una relación complicada con su padre Mitch.

Amy Winehouse tenía una relación complicada con su padre Mitch.

Para colmo Janis, su madre, parecía desentendida de todo , mientras que su padre estaba más preocupado en sacarle el jugo comercial a su hija que en ayudarla a superar sus adicciones. Eso se ve claramente cuando a punto de salir para unas vacaciones en el Caribe el bueno de Mitch se aparece en el aeropuerto con todo un equipo de filmación, técnicos y asistentes.

Cuando Amy lo interpela, furiosa, él sólo atina a explicarle que aquello es una buena idea: filmar su descanso para ofrecérselo posteriormente a algún medio televisivo.

De regreso a la ciudad es nominada a 6 premios Grammy en Hollywood, y aunque no está en condiciones de ir a recibirlos (además el Departamento de Estado de USA le prohíbe el ingreso a ese país a causa del consumo de drogas) Amy canta vía satélite y se las arregla para terminar siendo ovacionada.

A todo esto la “buena noticia” es que Blake sale de la cárcel, con lo cual vuelven las noches de estragos. Afortunadamente su libertad iba a durar poco, y regresa a prisión por agresiones al dueño de un pub.

La estatua de Amy Winehouse, en Camden Stables, Londres. Foto Alberto Pezzali/AP

La estatua de Amy Winehouse, en Camden Stables, Londres. Foto Alberto Pezzali/AP

Ese es el momento donde parece que las cosas podrán revertirse. Se toma un descanso en la isla de Santa Lucía mientras desde su confinamiento Blake prepara los papeles del divorcio. El entorno de la estrella suspira aliviado y ella da muestras de una inesperada recuperación. Pero es la calma que precede a la tormenta final.

Alejada de las drogas, ahora su gran enemigo es el alcohol. Un show en Belgrado (República de Serbia) dispara nuevamente todas las alarmas. Algunas semanas más tarde corren oscuros rumores por todo Londres. Y finalmente éstos se confirman cuando Amy es encontrada muerta en su departamento de North Camden por intoxicación de alcohol.

A los 27 años -el maldito Club de los 27, que integran músicos muertos a esa edad, como Jimi Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain, Janis Joplin y Brian Jones- y de esta manera, tan dramática (como vaticinada) el 23 de julio de 2011 nace la leyenda. Aún hoy, después de diez años, ella es un imán envolvente de tal magnetismo que se torna imposible no seguir emocionándose al escucharla.

You Know I’m no Good

Una explicación técnica de ello sería insuficiente e injusta. Hay algo en aquella “chica problemática” (como se autodefinió en su tema You Know I`m Not Good, Tú sabes que no soy buena) que se mantiene perdurable a través del tiempo y no se encuentra solamente en su privilegiada garganta.

Asistir cada vez a este fenómeno a través de tantos videos y documentales que inundan las redes, reafirman un legado más vigente que nunca. Y al igual que su idolatrado Frank Sinatra, la Voz de Amy Winehouse continuará enamorando por siempre al mundo entero.

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