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sábado, julio 31, 2021
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FMI: el kirchnerismo daría luz verde para un acuerdo, pero pide bajar el déficit de manera más lenta

Con Martín Guzmán en Italia, el ala más dura del Gobierno admite que no es una opción llegar a 2023 sin un acuerdo y que debe encaminarse una solución.

Cerca del ala económica más dura del kirchnerismo hablan de que el acuerdo con el FMI “tiene” que cerrarse. Sonó hasta la palabra “inminente” aunque se sabe que eso es imposible porque los tiempos técnicos no dan. Sí creen (o al menos eso dicen) que la Argentina no tiene chances de llegar a 2023 sin un programa con el FMI, descartando la hipótesis de que el kirchnerismo lleva al país a un modelo de ‘atrasos’ o arrears con el organismo, un esquema que Argentina experimentó en los ochenta e incluso países más pobres hasta hace poco. Semanas atrás Kristalina Georgieva saludó a Sudán al regularizar su deuda, diciendo que es la primera vez desde 1974 que ningún miembros del organismo es deudor moroso.

Argentina podría romper esa marca si se levanta de la silla y no firma con el FMI. Sin embargo cerca de Kicillof creen que sería un error. También dicen que sería equivocado comprometerse a reducir el déficit fiscal a una velocidad como la que impulsó Guzmán en la primera mitad del año: en cinco meses eliminó casi el rojo del Estado. Creen que no sólo se trata de mala praxis macroeconómica sino una mirada de la economía incorrecta para los desafíos que vienen en Argentina. No están de acuerdo con la tesis de economistas como Emmanuel Alvarez Agis (ex integrante de ese grupo), de que Guzmán hace una política anticíclica o keynesiana porque ahorra en este momento de salida de la pandemia. Creen que retirar los estímulos ahora es riesgoso como lo confirman los datos de la industria que cayó 5% en mayo respecto a abril. “Parecemos los irracionales de la macroeconomía”, se autoperciben. Saben que Guzmán los arrinconó, haciéndolos quedar fiscalmente expansivos y políticamente no progresivos por apoyar los subsidios.

En La Cámpora admiten que la ayuda del FMI serviría para dar certidumbre sobre el pago de la deuda y anclar el dólar, la brecha y las reservas. Hay temor de otro fogonazo. “La reacción de la gente es entendible”. Como dijo Cristina, el dólar no es de izquierda ni de derecha.

deficit

Pero si están de acuerdo con que Argentina vaya al FMI, antes o después de las elecciones, con un programa más o menos duro, ¿por qué no se hizo antes? ¿por qué se demoró y vilipendió al organismo con los discursos de Fernanda Vallejos?

Muchos interpretan que detrás de esos ataques hay gestos y discursos propios de las negociaciones. Incluso patrones. Las últimas veces que Guzmán se juntó con Kristalina Georgieva, el kirchnerismo atacó al FMI. Ocurrió el 24 de marzo cuando estaba en Washington y Cristina Kirchner dio un discurso en Las Flores (“No podemos pagar la deuda, no tenemos plata”). Y ahora el jueves pasado (Guzmán en Italia y Máximo Kirchner preguntándole a la oposición “¿Les parece que podemos pagar?”).

El kirchnerismo dice contar con un argumento de peso en las negociaciones. “Giraron un crédito récord a Macri para que ganara las elecciones y ahora queremos un trato igualitario”.

El FMI sería receptivo a ese planteo. Por estatuto no puede extender los plazos de repago de la deuda (US$ 47.000 millones) pero sí ser flexible a la calibración del modelo o programa, esto es, aceptar que Argentina baje el déficit fiscal menos rápido de lo que tal vez se pretendía. “El FMI lo aceptará”, dice una fuente al tanto de las negociaciones desde Nueva York. “Se puede firmar un acuerdo más flexible, siempre y cuando sea serio”.

El economista Miguel Angel Broda dio una pauta del sendero fiscal para el año. Le puso números a lo que Santiago Cafiero, jefe de Gabinete, adelantó en el Congreso esta semana: se viene un aumento del gasto de cara a las elecciones. Guzmán aumentó el gasto público 29,5% en los primeros cinco meses. Broda calcula que subirá 53,7% hasta diciembre. El déficit que se achicó 91,4% hasta mayo, se expandirá 58%.

Habrá que ver cómo el Gobierno vuelve al FMI y da marcha atrás. ¿Será como con las clases y las vacunas? No es un tema menor, ya sea antes o después de las elecciones.

En agosto de 1989, el consultor Orlando Ferreres, que hasta hacía poco había sido jefe del Centro de Estudios Económicos de Bunge & Born, era miembro del equipo económico de Carlos Menem. En el Congreso argumentó punto por punto por qué había que aprobar una ley que eliminara los regímenes de promoción industrial, que aprobara la privatización de los servicios públicos y la liquidación de los bancos provinciales. Todo en una sesión.

—Orlando, lo único que te pido es que no termines con nuestros mitos en una sola tarde, le dijo Guido Di Tella, entonces diputado. Hacía dos meses la brecha dólar oficial y el financiero había llegado a 130%.

Cristina Kirchner quiso volver al FMI en 2009 después de perder las legislativas. Tras el mal resultado electoral cambió al ministro de Economía. Salió Carlos Fernández y entró Amado Boudou, quien se tomó un avión al FMI y negoció una agenda que tenía como hoja de ruta arreglar con los holdouts, pagarle al Club de París, los juicios del Ciadi y hacer un artículo IV. Pero la jugada no salió.

Es que una acción es decir que se hará un programa con el FMI, reunirse con Georgieva o Janet Yellen. Pero después llegará el pedido del FMI de unificar el dólar (devaluar) y bajar los subsidios. ¿Máximo hará como Di Tella cuando el acuerdo llegue al Congreso por más que los economistas que lo rodean le digan que el camino es por ahí?

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