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viernes, julio 30, 2021
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Un misterio que lleva 90 años: la desaparición de un pueblo y sus 1200 habitantes

Pobladores cercanos al lugar en Canadá dicen que vieron “una enorme luz verde bajar del cielo”. También desaparecieron todos los cuerpos del cementerio.

Han pasado 90 años y todavía no hay respuestas.

Un pueblo Inuit asentado junto al lago Angikuni, en Nunavut (Canada), desapareció un día y nunca más se supo algo de sus 1.200 habitantes. Sucedió en 1930 y la pregunta es: ¿dónde están todas esas familias Inuit?

LA RARA Y FURIOSA TORMENTA

Era un pueblo que vivía de la caza y la pesca y que se asentó al borde de aquel lago para permanecer allí, si no para siempre, por lo menos un buen tiempo. Otros poblados cercanos sabían de su presencia y tenían muy buenas relaciones con los Inuit.

Un pueblo Inuit asentado junto al lago Angikuni, en Nunavut (Canada), desapareció un día y nunca más se supo algo de sus 1.200 habitantes.

Un pueblo Inuit asentado junto al lago Angikuni, en Nunavut (Canada), desapareció un día y nunca más se supo algo de sus 1.200 habitantes.

Eran acogedores y por eso Joe Labelle, un cazador canadiense, aprovechando el verano ártico se dirigió al territorio Inuit para venderles pieles, como lo hacía todos los años.

Pero cuando llegó al lago Angikuni algo no estaba bien. Había sido un día donde se desató una rara y furiosa tormenta y creyó que había equivocado la ruta.

Los Inuits son un pueblo acogedor.

Los Inuits son un pueblo acogedor.

Al pasar el fenómeno natural notó otra cosa extraña: era todo silencio y nada se movía. Al llegar al campamento donde deberían estar los Inuit se sintió horrorizado: los perros no salían a recibirlo, ni siquiera se escuchaban sus ladridos, no había humo de las fogatas típicas y no se escuchaban los gritos de los niños jugando.

Joe Labelle pensó que los Inuit habían decidido dejar la zona. Pero no. Algo extraño sucedía.

Nunca má sse supo algo de aquellos 1.200 Inuits.

Nunca má sse supo algo de aquellos 1.200 Inuits.

Estaban sus casas. Los kayaks destinados a la pesca se encontraban amarrados. No había huellas de pisadas ni de trineos en la nieve. Las escopetas de caza se encontraban guardadas en los casas. Las provisiones estaban guardadas en las despensas. Y muchas mesas estaban listas para el almuerzo. Incluso en algunas casas los guisos de caribú a medio cocinar aún estaban en las cacerolas.

LA DESAPARICIÓN DE 1.200 PERSONAS

Joe dio vueltas y vueltas por el lugar y sus alrededores, pero no encontró rastros de los Inuits. Fue a la oficina de telégrafos que había en la región y le avisó a la Policía Montada del Canadá lo ocurrido.

La ubicación del lugar de la desaparición.

La ubicación del lugar de la desaparición.

No tardaron mucho en llegar y trajeron a los mejores rastreadores, pero no encontraron nada. Sí, algo terrorífico. Los perros atados y muertos tras haberse devorado entre ellos al no tener comida.

Para la Policía Montada algo era irrefutable: los Inuits no habían desaparecido por voluntad propia. Nunca se hubieran separado de sus perros al que consideraban un animal sagrado.

UN DESCUBRIMIENTO TERRORÍFICO 

Los investigadores encontraron otro detalle que los alarmó: el cementerio inuit tenía las tumbas vacías. Al parecer algo o algunos, habían desenterrado a sus muertos y se los habían llevado.

La noticia en los diarios.

La noticia en los diarios.

Todas las tumbas habían sido abiertas y los cadáveres sustraídos. Eso llevaba tiempo y muchísimo esfuerzo ya que los enterramientos inuits son apilaciones de piedras y no fosas en el suelo.

LA LUZ VERDE Y UN RARO OBJETO EN EL CIELO 

Al preguntar en los alrededores, nadie supo decir donde estaban los Inuits, pero cientos declararon lo mismo: días antes de aquella rara y feroz tormenta, una enorme luz verde bajó del cielo sobre el poblado Inuit.

Muchos creyeron que había sido una aurora boreal. Otros que algo bajó del cielo y se llevó a los 1.200 habitantes del poblado Inuit.

Todos los perros estaban atados y muertos. Los Inuits jamá se irían sin ellos ya que lo consideran un animal sagrado.

Todos los perros estaban atados y muertos. Los Inuits jamá se irían sin ellos ya que lo consideran un animal sagrado.

En ese momento, la Policía Montada sacó de un cajón una denuncia que había archivado días atrás. La del cazador Arnand Laurent, que se encontraba en el extremo norte de la Bahía de Hudson, en pleno Ártico, y había sido testigo de un fenómeno extraño: un objeto cilíndrico y destelleante cruzó el cielo en dirección norte hacia el Lago Anjikuni.

Lo cierto es que han pasado 90 años y de aquellas 1.200 personas nunca se supo nada. Perdidas en la Tierra o en el Cielo…

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